domingo, 10 de abril de 2011

El origen

¿Buscas el origen? Es sabio conocer la senda de tus antepasados para poder honrar así mejor su memoria, pero temo que solo los kamis conocen realmente el origen del imperio. Los holoregistros hablan de un planeta tan fecundo que era capaz de albergar a todos los clanes conocidos y a muchos otros que la eternidad ha acogido en su seno. Fue una era de prosperidad, con épocas de paz capaces de hacer surgir bellas obras de arte en todas las materias, y épocas de guerra donde grandes héroes se alzaron para gloria del emperador.



El honor guiaba los pasos de todas y cada una de las criaturas, el equilibrio divino brillaba en su apogeo, incluso cuando nuevas razas fueron conducidas a nuestro planeta por los benévolos kami todos supieron ocupar su lugar en la jerarquía celestial. Pero la oscuridad también supo leer las señales que los kami dejaban a las razas alienígenas para encontrar nuestro mundo… Y aquello fue el inicio del fin. 

La guerra fue inevitable. La destrucción tan solo un paso más. Los kami brillaban sobre un cielo cubierto por el humo de las bombas, llorando por sus hijos, lamentando no poseer la suficiente sutileza en sus poderosos brazos para ayudar sin dañar a los suyos, pero si no actuaban pronto no quedaría nada que salvar. Con un rugido de dolor por los gritos de muerte que escuchaba, la diosa Amateratsu voló hacia la estrella más cercana y de su ardiente corazón sacó la lanza de los cielos con la que su padre había creado el mundo, Osanowo se unió a ella al instante invocando todo el poder de las tormentas, la oscuridad se retiró momentáneamente ante la impresionante visión de ambos hermanos prestos para la batalla, el universo entero contuvo el aliento ante lo que parecía iba a ser la batalla definitiva. Pero Amateratsu sabía bien que poder se ocultaba tras la oscuridad: la esposa de su padre, la mítica Izanagi. Si iniciaban la lucha quizás ganarían, pero destruirían todo en el proceso. 

Aprovechando el momento de duda de la oscuridad, Amateratsu se lanzó sobre el planeta entregando su energía vital sobre toda nave capaz de albergar a sus hijos, Osanowo, llorando por el sacrificio de su hermana reprimió su deseo de batalla recogiendo a todo ser que siguiera vivo con sus poderosos vientos, el grito de ira de Izanagi resonó por el frío espacio, las naves estaban listas para partir pero un ejército les esperaba para destruirles. Osanowo tomó la lanza de los cielos de los agotados brazos de su hermana y, encarándose hacia la oscuridad emitió una gélida sonrisa que hizo estallar la primera línea del frente, conforme las naves se alejaban a salvo, el dios de las tormentas liberaba su poder sin concesiones, ni piedad. Nadie conoce que sucedió al final, nadie sabe si los hermanos sobrevivieron, pero cuentan los viejos registros del éxodo que una supernova explotó donde antes estaba su hogar, quizás fue el último sacrificio de Amateratsu, quizás fue la verdadera demostración de su poder y aún sigue viva, frenando el avance de Izanagi con la ayuda de su incansable hermano Osanowo. Lo único seguro es que los kami cantan cada siglo una extraña y triste canción el día en el que el éxodo se inició.

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